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Una buena alimentación debe de cubrir las siguientes características: · Variada · Completa · Suficiente · Adecuada · Inocua · Equilibrada · Atractiva Variada: Que incluya diferentes alimentos de cada grupo en cada una de las comidas. Completa: Que contenga todos los nutrimentos. Suficiente: Que cubra las necesidades de todos los nutrimentos de tal manera que el sujeto adulto tanga una buena nutrición y un peso saludable, y en el caso de los adultos mayores se adecue a los diferentes procesos del envejecimiento y en caso necesario a la fisiopatología presente. Adecuada: Acorde a los gustos y la cultura de quien la consume y ajustada a sus recursos económicos, sin que ello signifique que se deban sacrificar sus otras características. Inocua: Que su consumo habitual no implique riesgos para la salud por que esta exenta de microorganismos patógenos, toxinas y contaminantes. Equilibrada: Que los nutrimentos que contenga guarden una proporción adecuada entre sí. Atractiva: Que su presentación induzca a ser consumida, conteniendo colores y texturas agradables en su preparación La alimentación es el proceso que inicia desde el pensar que se va a comer y continua con la preparación y presentación de la misma es decir es un proceso en el cual influyen factores tales como la economía, región, idiosincrasia, época del año, disponibilidad de alimentos, gustos, entorno familiar entre otros. La nutrición inicia cuando el alimento ingresa a la boca y comprende todos los procesos fisiológicos de absorción, aprovechamiento y desecho de los nutrimentos consumidos.
ENVEJECIMIENTO
El Envejecimiento es el conjunto de modificaciones inevitables e irreversibles que se producen con el paso del tiempo en los organismos vivos y que finalmente llevan a la muerte. Este proceso varia considerablemente, en el tiempo y variedad de acontecimientos.
En el caso de nosotros los seres humanos este proceso comprende la reducción de la flexibilidad de los tejidos, la pérdida de algunas células nerviosas, el endurecimiento de los vasos sanguíneos, y la disminución general del tono corporal en términos generales.
Ahora bien en la actualidad es difícil establecer el inicio de esta etapa de la vida en función de la edad ya que actualmente se ha visto un incremento en la longevidad en términos generales.
Pero para fines prácticos se considera que una persona es un adulto mayor después de los 65 años, reservando él termino de anciano para los que sobrepasan los 80 años de edad. En Latinoamérica y el Caribe se espera para el 2025 un incremento de un 11% de población en este rango de edades[1] este aumento de la longevidad y, consecuentemente, la expectativa de vida se atribuye a la mejora de los estándares de nivel de vida, a la disminución de la mortalidad infantil y a una mejoría de los cuidados médicos. En este último grupo de causas, la nutrición juega un papel muy importante.
“El envejecimiento esta asociado con un elevado riesgo de deficiencias nutricionales que pueden llegar a causar consecuencias funcionales adversas”[2]. Esto como consecuencia directa del cambio funcional y anatómico que sufre el tracto gastrointestinal, además de un decremento en el metabolismo. Cabe destacar que no solo estos cambios afectan el estado nutricional del adulto mayor ya que también hay que tomar en cuenta los factores psicológicos, sociales y fisiopatológicos.
En el Adulto Mayor se busca al elaborar un plan de alimentación: · Obtener y mantener el estado nutricio optimo para las circunstancias fisiopatológicas del individuo. · Corregir las deficiencias nutricias que se presenten. · Lograr que el paciente obeso y/o desnutrido alcance el peso adecuado y evitar la perdida de peso. · Proveer en caso necesario descanso fisiológico al órgano afectado. · Aportar la energía y los demás nutrimentos que requiere el organismo en cantidad suficiente. · Ofrecer una alimentación sabrosa y atractiva. · Ofrecer la comida como un medio de Satisfacción no solo biológica, sino también psicosocial. [1] Keep fit for live: meeting the nutricional needs of older people. WHO and Tufts University [2] S. Hirsch y M.P. de la Maza
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